El final de las restricciones por la pandemia ha coincidido con el inicio del verano, un verano que sin duda va a estar marcado por la evolución de la enfermedad. Las previsiones apuntan a que la mayor parte de los desplazamientos estivales los haremos con nuestro propio coche. El parón de los últimos meses y el calor típico de fechas veraniegas pueden afectar al vehículo y una avería puede aguarnos las vacaciones.

Por eso debemos revisar los siguientes elementos del vehículo antes de emprender el viaje:

El aire acondicionado y/o climatizado

Vivimos en un país con una climatología que nos permite pasar muchos meses sin utilizar ni el aire acondicionado ni el climatizador. Pero ese tiempo sin actividad puede hacer que tengamos problemas cuando necesitamos utilizarlo. Por eso, lo aconsejable es comprobar cómo funcionan estos dispositivos antes de que lleguen las temperaturas más altas y, si detectamos algún problema, llevar el vehículo al taller.

La batería

Este es un elemento del motor que sufre mucho los cambios de temperatura. El calor hace que se seque más fácilmente el ácido que lleva en el interior. Si la batería tiene ya unos años, es aún más fácil que se estropee. Por eso, conviene comprobar que el rendimiento de batería es el correcto, ver el tiempo de arranque y que los bornes no están blanquecinos. Y si la batería se ha sulfatado, es necesario limpiarla lo antes posible o cambiarla.

El nivel de los líquidos y la iluminación

Muy importante revisar cómo están los líquidos de frenos, refrigerante y del limpiaparabrisas. Debemos hacerlo con el coche en frío y en un terreno llano. Si notamos que alguno de ellos ha descendido sin motivo aparente, tendremos que recurrir a un taller para determinar el motivo. Tenemos que comprobar también que no llevamos fundida ninguna luz, que todas funcionan correctamente. Es fundamental que nos vean cuando nos ponemos en carretera.

Los limpiaparabrisas

Las gomas de las escobillas se deterioran debido al calor y al sol. Se cuartean y pierden eficacia. Es verdad que las lluvias son menos frecuentes en verano, pero siempre nos puede pillar un buen chaparrón o la “gota fría”. Si detectamos que algún “limpia” no funciona bien, debemos sustituirlo.

Los neumáticos

Son el elemento del vehículo que está en constante contacto con la carretera. Es muy importante revisar periódicamente su presión y comprobar que llevan la que nos aconseja el fabricante. También debemos comprobar el desgaste de la banda de rodadura (el dibujo): si es inferior a 3 mm, es el momento de cambiar de neumáticos. Además, en verano, se reterioran más, debido a las altas temperaturas que alcanza el asfalto. Revisar los neumáticos puede evitarnos sorpresas peligrosas como un reventón o un pinchazo.

Motor

Una avería común en los coches durante el verano es sufrir un “calentón” porque los elementos encargados de regular la temperatura del motor (el electroventilador y termostato) no funcionan correctamente y el líquido refrigerante no llega al motor, provocando un sobrecalentamiento.

Suspensión

La suspensión se encarga de que las ruedas estén siempre en contacto con el suelo, aunque este sea irregular. Se recomienda cambiar los amortiguadores cada 60.00 kilómetros, aunque se aconseja revisarlos cada 20.000. La suspensión podría tener problemas si notamos un desgaste anormal de los neumáticos, rebotes en exceso, ruidos extraños al pasar por un resalto o desnivelación en el coche.

Frenos

Este es un sistema que sufre mucho con el calor. Al que hay en la calle durante el verano, debemos sumar también el calorl que produce el propio funcionamiento de los frenos. Todo esto puede terminar con un fallo de los latiguillos de freno.

Fuente: Revista DGT

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